Estuve leyendo una obrita de teatro en Orsai, la página de Hernán Casciari, que también ha esrito un libro (Diario de una mujer gorda). El punto es que retrata a través de una parodia sutil, pero para descostillarse de risa, el mundo imaginario de los niños, que tal vez estaría siendo dilapidado por los videojuegos. La historia se llama
¡Quedate conmigo Lucas! y habla de los "amiguitos imaginarios" que solemos tener en la infancia. Un asunto para recordar cariñosamente, o para volverse loco...
Los invito a leer los comentarios (aparecen en la parte inferior, link COMENTARIOS) que provocó el relato en los lectores de Orsai. Creo que más de uno se sentirá identificado. Aquí van dos de muestra, si me permiten el plagio:
Comentario Nº 1. Dice
Sonia:
"Se me encogio el estomago... Mi amigo se llamaba Pepe, y podia volar.
Me temo que tambien tuvo esta charla conmigo, me explico que un dia no le necesitaria (yo tenia 6 años ya, fue cuando nacio mi hermano) y me olvidaria de el. Me enfade y llore (por favor, veanlo desde los ojos de una niña)le grite en mi cabeza que eso no sucederia... y asi ha sido. Ya no tiene nombre, ya no es un niño, pero sigue acompañandome una voz cuando me siento sola.
Y que si es esquizofrenia?"
Comentario Nº 2. Dice
XavMP:
"Mierda, 32 años de engaño...A este Anselmo lo voy a cagar a palos, ya vuelvo.."
Realmente las aventuras de Alex y Lucas fueron un gran descubrimiento para mí, gracias a un profesor que recomendó artículos del sitio, también en su blog... otro de los recursos de Internet: hay enlaces de enlaces y de vez en cuando se encuentran cosas interesantes, además de divertidas.
Con respecto a los amigos inventados, con mi hermano teníamos una familia imaginaria ¿será síntoma de alguna psicosis conjunta?. Teníamos papá, mamá y otra hermana más grande. Ergo, a veces sucedían hechos extraños en nuestra casa (también inventada ¿es necesario aclararlo?) como terremotos, monstruos, fantasmas. El punto es que era el único momento en que nos llevábamos bien. Mis celos opacaron siempre una buena relación, debo admitirlo.
Todo terminó el día que no quise jugar más, cuando cumplí 15 años... Bueno, en verdad no recuerdo la edad que tenía, pero en mi mente ya me sentía "mayor". Creo que mi hermano nunca me perdonó, es más: nunca volvimos a hablar del tema.
Che, me vino un remordimiento, esta noche le pregunto...